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La crisis: ¿una conspiración de los Illuminati?
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Autor Tema: La crisis: ¿una conspiración de los Illuminati?  (Leído 2387 veces)
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Y la verdad os hara libres


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« en: Diciembre 07, 2008, 09:46:43 »

¿Illuminati? Las preguntas aparentemente son inocentes. Pero está en las conversaciones en las que se desmenuza esta bajada a los infiernos de las subprime y las hipotecas basura: ¿Y qué ganan los Illuminati con esta crisis? ¿No la han creado los Illuminati? La respuesta exige primero una reflexión: ¿Realmente existen los Illuminati? ¿Quiénes son? ¿Qué intereses tienen? ¿Es un mito? La realidad es que los Illuminati son el parapeto en que desembocan todas las sociedades secretas y todas las conspiraciones. Y todas las crisis.

Las conspiraciones son, ya se sabe, el deporte nacional de los Estados Unidos, origen de la deflagración financiera. Y es allí, en donde por primera vez y públicamente, un analista de cierto prestigio se ha atrevido a sacar la palabra maldita: "I-llu-mi-na-ti". Se llama Jeffrey Saut, jefe de inversiones estratégicas de Raymond James Financial, y lo dijo curiosamente en la CNBC, una emisora que arrastra en la nebulosa de la red acusaciones de "iluminada". La respuesta, el pasado viernes, directamente señalaba, cuestionado por la crisis: "A bunch of wrong footed moves by Hank Paulson and the Illuminati of the country".

Primer reconocimiento del término

Por tanto, tenemos una de las primeras apariciones del término, en los medios "serios" de comunicación de masas, por analistas también considerados "respetables" o "serios". Sí, es una mención muy de pasada, que incluye al Secretario del Tesoro como uno de los responsables de la crisis. La teoría conspirativa, por supuesto, ha aprovechado la mención, sin duda cargada de intención de Saut, para sacar a relucir sus acusaciones: el maligno, el demonio, se encarna en los Illuminati nos tiende su red.

Así, la conspiración vendría a ser la siguiente, sucintamente resumida: la crisis no es más que una construcción artificial para implantar una serie de medidas que beneficiarían a ciertas élites, por ejemplo, entre otras muchas: en la implantación del Amero en México, EE UU y Canadá, con la consecuente desaparición del dólar y el regreso al patrón Oro. Y es ahí donde entra la leyenda de la denominación Illuminati, para definir de forma abstracta y popular, a estas élites político-económicas, sin entrar en complejos análisis financieros.
Definición

¿A qué se refiere el término Illuminati? Primeramente, a la flor y nata de los masones del mundo. Segundo, al mito despertado por Dan Brown, que en la novela Ángeles y Demonios? Por cierto, de renovado interés por el revival del CERN? los retrata con toda la carga de leyenda anticatólica y hace decir a su Robert Langdon que son "la más poderosa organización clandestina que jamás haya pisado la Tierra".

A partir de ahí, se abre la veda. Curiosamente, ha sido en España en donde la "obsesión" por los Illuminati ha penetrado con más profundidad, sobre todo en los últimos cinco años. El investigador Paul H. Koch, el autor con pseudónimo de Historia oculta del mundo y obviamente el exitoso libro Illuminati (Planeta), observa con perplejidad, sin embargo, la sucesión de novedades bajo la advocación Illuminati: "Muchas de ellas hacen responsable única a esta sociedad secreta de todos los males del mundo. Pero en realidad los Illuminati no son más que un eslabón más de una cadena muy larga".

En La conspiración de los Illuminati (La Esfera), Santiago Camacho la desmadeja: Skull & Bones, Phi-Beta-Kappa, o el Bohemian Club, encerrando en ellos los pasados, actuales y futuros gobernantes y dirigentes empresariales de los EEUU. Por supuesto, la conspiración incluye los intentos de infiltración de organizaciones de inspiración masónica en la jerarquía de la Iglesia en el Vaticano, verdadero objetivo, si atendemos a la leyenda, de los Illuminati.
Su beneficio por encima de todo

Pero quien acusa habla de que, ante todo, los Illuminati conforman una trama económica que extiende sus redes por el Gobierno de los Estados Unidos, la Reserva Federal, la Unión Europea, la OMS, las Naciones Unidas, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y que antepone su único beneficio por encima de todo.

O sea, se les acusa de las mismas conspiraciones secretas que atenazan al famoso Club Bilderberg: búsqueda de un Gobierno mundial, la imposición de una moneda única, la eliminación de las democracia y las monarquías, la reducción de la población mundial matándola de hambre y, por supuesto, la desaparición del cristianismo de la faz de la Tierra.

Sin embargo, no resulta paradójico como el término Illuminati se ha extendido en pocos años como sinónimo, curiosamente, de dos realidades en principio contrapuestas. Por un lado, en un fenómeno mundial, de los grandes banqueros del mundo, comenzando por los Rockefeller; y, por otro lado, como herencia de las teorías de las conspiraciones fracmasónicas en España, un modo, o un insulto, más de llamar a los dirigentes socialistas o comunistas, favorecidas por las recientes políticas laicistas. Se puede leer en las cartas al director: "Esta España de los illuminati?".
¿Los hombres más influyentes?

¿Pero es cierto, tal y como sostiene Dan Brown en Ángeles y demonios, y ahora reproduzcan unos y otros que existe esta poderosa sociedad secreta a la que pertenecen los hombres más influyentes del planeta, incluidos los Bush, Obama, McCain, Condoleezza Rice, Kissinger, Gorbachov y cuántos controlan los estratos más altos de la sociedad, la cultura, la política y la economía mundiales.

Ufff. Los amantes de las realidades paralelas estarán encantados de contestar que sí. Pero, ¿es serio si quiera hablar de los Illuminati, del P2, la Comisión Trilateral, el Club de Roma o el Foro Bilderberg? ¿Hasta qué punto los illuminati son el 'anticristo'?

¿No estamos más que ante una leyenda? Santiago Camacho, por ejemplo, contesta concediendo medias tintas: los Illuminati son reales, es una organización con objetivos de infiltración en las altas esferas, pero ni las maldades que se les ha señalado han sido tales, ni tampoco la benevolencia en sus objetivos ha sido tan inocua.

Los originarios Illuminati fueron una logia de inspiración masónica, con inspiración en los Rosacruz, fundada en Baviera en 1776 por Adam Weishaupt como reacción a las purgas eclesiásticas contra Copérnico y otros científicos.

La hermandad sedujo a jóvenes estudianes y, se dice, Herder, Goethe, Cagliostro, el Conde de Saint-Germain y muchos otros estuvieron en sus filas. Políticamente, defendía que la Iglesia y todos los gobiernos debían ser derrocados para establecer un gobierno mundial dirigido por la organización y la élite intelectual. Evidentemente, Weishaupt no lo escribió, pero es lo que, por ejemplo, se asocia con los Illuminati a partir de William Guy Carr, autor del clásico La niebla roja sobre América.
Aparece en los dólares

Desde entonces, muchos ven su implicación en las revoluciones y guerras posteriores de la Revolución francesa a la independencia de los Estados Unidos y se identifican con las figuras de George Washington, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, Robespierre, Lafayette pero el único hecho constatado es que el símbolo de la secta, una pirámide luminosa con un ojo en su cima El Ojo que Todo lo Ve, el famoso símbolo igualmente masónico, aparece en los billetes de dólar, lo que ha despertado las sospechas de su dominio sobre la mayor potencia de nuestros días, árbitro supremo del Nuevo orden mundial.

Oficialmente, los Illuminati nacieron y desaparecieron en el siglo XVIII. Teóricamente, tan solo 9 años después de su fundación, la Orden Iluminati fue disuelta mediante la intervención del gobierno de Baviera. Y hasta los propios masones los consideraban una secta que nació como una "degradación" de la simbología masónica.

Sin embargo, hoy triunfa la creencia sólo una creencia, azuzada por el misterio y el enigma de que los Illuminati son una especie de gran confederación de los masones unidos del mundo que busca hacerse con el poder único universal. De hecho hay quien habla de "tic iluminati", por ejemplo, cuando alguien "quiere arrogarse la voluntad popular frente a la mayoría democrática expresada por los ciudadanos".

El uso del enigma Illuminati tiene, por tanto, una vis política evidente. Sin embargo, en la lista siempre sospechosa de nombres contemporáneos que aparecen ligados a los Illuminati los hay de todas las filiaciones políticas. A Weishaupt se le achaca que sus aspiraciones espirituales se fundamentaban en un falso mensaje igualitario: la eliminación de la monarquía opresora promoviendo la república para gobernar, la búsqueda de la igualdad social del pueblo, eliminar fronteras y fomentar el laicismo. Y, en doble lectura, verdaderas intenciones de supresión de la democracia, de la propiedad privada, del derecho a herencia, de la familia, de las religiones tradicionales.
El futuro

Quienes afirman esto, retratan a sus actuales herederos, como infiltrados en sociedades internacionales, partidos políticos, logias masónicas, religiones, bancos y grandes empresas, impulsando desde estas instancias todo tipo de movimientos subversivos, crisis financieras y políticas, guerras y conflictos hasta crear una inestabilidad mundial insoportable, incluida una Tercera Guerra Mundial que aniquilaría Oriente Medio.
Objetivo: dominación de masas

Es la misma teoría que asocia a "estrategias Illuminati" el fútbol, la telebasura, las revistas del corazón o los juegos de ordenador, para absorber la mente colectiva, porque bajo el foco de la igualdad su verdadero objetivo es dominar a las masas para convertirlas en esclava de la élite. Así se muestra, por ejemplo, en "Endgames" o "Plan de esclavitud total2, el último documental de Alex Jones, un investigador obsesionado por el Nuevo Orden Mundial, aventado por Internet.

La reciente reconstrucción en Barcelona de una autodenominada Orden Iluminati, inspirada en Weishaupt, no debe, en cualquier caso, confundirse con lo que en el escenario económico o político se denomina del mismo modo. La sociedad paramasónica catalana, abiertamente satánica y que atesora acusaciones como secta, se define defensora de un "estado avanzado del anarquismo que no prescinde del capitalismo ni de la democracia y parte de un principio rebelde simbolizado por el diablo que ya gustó a Bakunin.
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